Relatos
LOTA (2013)
En busca de historias llegué a Lota, lugar de nacimiento de Baldomero Lillo, gran cuentista de nuestro país, autor de Subterra y Subsole. Reconozco que al comienzo yo solo sabía eso, pero investigué más, y descubrí que sus obras son fuente de una inmensa diversidad temática y no solo oscuras, tristes y duras realidades.
Tuve la fortuna de descender, en el mismo ascensor que se usó hasta 1983, al “Chiflón del diablo”, un pique de mina de carbón que se encuentra a 500 metros de profundidad bajo el Océano pacífico, y que actualmente está abierto solo para turismo. Es una experiencia sorprendente y única en el mundo.
Las visitas son guiadas por ex mineros. Antes de ingresar, todos debemos utilizar un casco con linterna. En un momento del tour, el guía nos solicita que apaguemos las linternas que portamos sobre nuestras cabezas.
Dentro de la mina pude ver la oscuridad más grande. Fue tan extraño pestañear y que no hubiese diferencia entre ojo abierto y ojo cerrado, o saber que mientras funcionaba la mina, si te quedabas sin luz , lo único que te quedaba hacer era quedarte en el lugar y esperar que otra persona pasara por ahí y te socorriera, pues sin ver nada, lo más probable es que buscando la salida, te perdieras en ese gran laberinto subterráneo.
Un minuto de silencio en la oscuridad y luego el canto solemne del Himno de los mineros, son parte del pequeño homenaje a los aguerridos hombres que dieron su vida, por el valioso oro negro.
Hoy quiero que sepan, que Lota existe y que tiene muchas historias que contar.
ASTRALASIA
Obra publicada, en el libro Pasando el cuento, año 2016.
La conexión
Desde pequeño tenía habilidades especiales que no comentaba con nadie, pues estos temas, al menos en los círculos sociales que frecuentaba, eran totalmente tabú. Entre sus primeros recuerdos estaban un sinfín de acontecimientos extraños, pero su mente de niño no tenía límites y quizás eso le ayudó a potenciar estos dones. Al comienzo de forma muy natural, fue desarrollando lo que con el tiempo entendió recibía el nombre de desdoblamiento. Con frecuencia, al recostarse sobre su espalda, cerrar los ojos y respirar profundamente para lograr un estado de relajo y conciliar el sueño, lograba que su espíritu saliera por su boca, dejara a voluntad su cuerpo físico y recorriera con su cuerpo astral otras realidades.
Sin duda esto fue muy interesante, tanto, que a los nueve años comenzó a plasmar algunas de estas aventuras en historietas, las cuales relataban con detalle infinidades de viajes y experiencias alucinantes. Era un niño muy ingenioso y visionario. Con el material que reunió, elaboró de forma artesanal lo que él llamó “Viajes a otros mundos”, una serie de 3 librillos que contenían el relato de palabras acompañado con ilustraciones de su autoría. Todo el mundo se convenció y creyó, sin siquiera preguntarle, que el material era ciencia ficción pura, y como tal, la disfrutaban mucho.
Ganó más de una vez concursos literarios inter escolares, y ya cuando cursaba educación media, publicó material de forma periódica en el diario de su establecimiento educacional, en el cual tenía una sección que dedicaba a temas más existenciales. Pero todo esto y mucho más eran tan solo partes de una gran historia; en la actualidad la realidad era muy distinta.
De un momento a otro lo invadió una nube gris y sin darse cuenta, cada día se fue transformando en una monotonía total. Antes, cada nuevo amanecer representaba una gran oportunidad para desarrollar sus múltiples proyectos literarios, ahora llegado el momento, simplemente no se sentía motivado. Lo que antes lo hacía feliz, ahora lo deprimía. El sólo hecho de mirar su escritorio y los cerros de papeles escritos sobre éste, le restaban fuerza. Por eso, en el último tiempo evitaba incluso mirar, lo que antes representaba su Olimpo creativo, y sin pensarlo, cada vez que podía pasaba de largo, se dirigía a su habitación, se estiraba sobre su cama, se sacaba los zapatos y se cubría con el cobertor. Pasó varias semanas durmiendo y no por indicación ni medicación, sino simplemente porque no tenía ganas de nada más. Buscaba ese brillo que antes llenaba su vida, su familia se preocupó por su estado y una sobrina se ofreció para ir a acompañarlo.
Nuevas realidades
Martina llegó a su casa justo a tiempo para cenar con sus papás. Sentados alrededor de la mesa del comedor, le contaron del estado de su “Tío Yoyo”, como le decía ella. No lo entendían y ya no les quedaba paciencia con él, lo encontraban raro y muy mañoso. Contrariamente la joven y él se relacionaban bien, pero no se veían hace tiempo. Sin embargo esa noche algo invisible la impulsó a querer restablecer lazos con su tío. Se propuso organizar su agenda para poder visitarlo periódicamente.
Sin previo aviso sonó el timbre. Se acercó a la puerta arrastrando sus pantuflas y se extrañó de ver a su sobrina del otro lado. La hizo pasar, le ofreció un té, se preparó uno para él también y se sentaron frente a frente en la terraza que estaba justo atravesando la puerta de la cocina. Ninguno de los dos imaginó el desenlace de este reencuentro. Al comienzo no fue fácil; Rodrigo estaba atravesando un proceso desconocido, esas incontrolables ganas de dormir que se apoderaban de él, le preocupaban ya que habitualmente dormía muy pocas horas, por lo que le resultaba muy extraño e inexplicable lo que le estaba pasando el último tiempo. Estaba acostumbrado y adoraba su soledad, pero compartir con su sobrina se le hizo muy grato y lo llenaba de energía, de hecho, coincidió que cuando Martina lo empezó a visitar, se le quitaron esas desmedidas ganas de dormir.
Su estudio permanecía todo el tiempo con la puerta cerrada, pero la joven se las ingenió para que su tío le hiciera un tour por la casa y le mostrara el lugar donde trabajaba. Poco a poco, al girar la manilla se fue rebelando un mundo, para la mayoría desconocido: El lugar de trabajo de un escritor.
Todas las murallas sostenían estantes atiborrados de libros y arrimado al ventanal, un escritorio de lado a lado, albergaba gran cantidad de papeles desordenados y cerros de hojas escritas. Frente al mesón, una silla azul aguardaba ser utilizada nuevamente mientras otra cantidad de cerros de libros y papeles se repartían por el suelo del lugar. Martina no emitió comentario, no era prejuiciosa y era esa, una de las virtudes por la que su tío le tenía especial cariño y confianza, pero en silencio y rápidamente, asoció lo que describieron sus padres con el estado de su despacho.
Yoyito, te quiero ayudar a limpiar y ordenar la biblioteca, le dijo Martina mientras tomaban once. Su tío no emitió respuesta, si bien, no tenía motivos para aferrarse al estado actual de ese lugar, tampoco había sentido la motivación de cambiar las cosas. Finalmente no supo si fue por sus argumentos o por el entusiasmo que irradiaba su sobrina, pero accedió. Tres días de arduo trabajo hicieron falta, para que el lugar tuviera una atmósfera acogedora y liviana. Botaron muchas bolsas de basura y papeles, pero lo más importante fue que ambos sintieron que el movimiento y limpieza no sólo ocurría en el exterior.
El mundo de los sueños
De noche, la ciudad y la gran mayoría de sus habitantes duerme, lo que produce invariablemente que la atmósfera se cargue de una magnética energía. En general las personas desconocen sobre el mundo de los sueños, sólo recuerdan fragmentos de algunos y los intentan interpretar, pero Rodrigo, desde pequeño, había aprendido sin instrucción alguna, a viajar en este plano no físico, llamado también mundo astral.
Los cambios en su entorno reactivaron su sensibilidad y esa noche, sin esfuerzo, se levantó de su cama y salió flotando suavemente de la casa. Desde arriba no sólo veía el techo de la construcción, sino las viviendas de todos los vecinos. Siguió camino sin dirección y llegó al sector donde vivía un antiguo amigo al que no veía hace tiempo. Reconoció el lugar y se ubicó sobre un numeroso grupo de gente que se encontraba reunida en círculo, rodeando un cuerpo que estaba tapado con un plástico negro. Descendió y se ubicó a un lado de éste, fue ahí cuando escuchó una penetrante y nítida voz que le dijo que lo mirara. Sin temor, despacio, corrió el plástico, destapando el misterio: Era Walter y estaba muerto.
Lo observó con detención y de nuevo escuchó la voz; que esta vez le manifestó que el hombre frente a él debía tener un cambio y acercarse más a lo divino. Despertó muy agitado y nervioso, intentó olvidar lo vivido pero no pudo y después de varios días de pensarlo, se hizo de valor y fue a hablar con Walter. Sabía que era probable que no le creyera ni prestara mayor atención, pero sintió que debía saber de su estado actual y advertirle. Sin rodeos le relató su sueño, y después de un breve silencio, su amigo le comentó que le hacía mucho sentido lo que acababa de escuchar. Últimamente no se sentía tranquilo, hizo un negocio que no resultó y lo andaban buscando para matarlo. Días después Rodrigo supo que Walter sufrió un accidente grave pero que ya estaba en su casa. De inmediato fue a visitarlo, lo habían atacado con un palo entre cinco y le pegaron en la cabeza causándole una gran contusión que dejó como resultado quince puntos en su cráneo. Ahora estaba en reposo, un poco choqueado por el incidente, ¡pero vivo!
¿Por qué estaba lesionado y no muerto?
El malherido hombre adivinó los pensamientos de su compañero y le contó, que después de que se vieron la última vez tomó conciencia de lo mal que estaba haciendo las cosas y, aparte de una actitud más tranquila y meditativa, retomó las conversaciones con el mismo y con este ser superior que él llamaba Dios.
La experiencia le rebeló a Rodrigo algo que desconocía hasta ahora y era cómo se podía afectar y cambiar el curso de las cosas, al considerar las vivencias del plano astral. No dejaba de asombrarse, y aunque no entendía la lógica de lo sucedido, no se preocupaba, pues tenía claro que en la dimensión de los sueños hay reglas distintas a las físicas. Lo sucedido lo llenó de esperanza y un nuevo brillo.
De regreso a casa
Una noche soñó que estaba detenida en la esquina de su casa. Todo parecía muy real, pero ella se lo cuestionó, y para asegurarse de que no era un sueño, casi instintivamente estiró su brazo e intentó pellizcarse, pero al apretar sus dedos contra la piel, éstos no podían tocarla y se resbalaban. Se despertó con una sensación de paz y entusiasmo, no podía esperar para contarle a su tío. El robusto hombre se pasaba horas sumergido en prácticas meditativas y creativas. Cada vez más introspectivo y conectado con el silencio, dedicaba día y noche a estudiar los grandes misterios de la vida y de la muerte.
Nunca lo supo, pero durante ese período en que dormía muchas horas, estaba siendo sometido a un proceso a través del cual, primero, su frecuencia era scaneada, y luego, se le transmitía información. Al despertar no recordaba nada, pero así debía ser, pues se trataba de una especie de preparación para poder escribir su siguiente libro.
Se fue con la noche, sin aviso. Su entorno se cubrió con capas cada vez más gruesas de polvo y su casa se mantuvo cerrada por largo tiempo, hasta que acompañada de su madre, Martina visitó el lugar. Se dirigió a la terraza donde solían compartir y luego al estudio. Tenía muchos tesoros, entre ellos el borrador de lo que parecía ser un futuro libro cuya portada anunciaba: Astralasia.
Recordó con cariño a su tío, y con especial cuidado tomó el manuscrito entre sus manos, lo acercó a su pecho y se lo llevó.