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LA ARAÑA ESTELA

 
Capítulo uno: El primer encuentro
 

En la esquina del living de mi casa, justo donde comienza un vidrio enorme, vive Estela, la araña. Ella sale a dar sus vueltas en las tardes -no le gusta la luz del sol- y es un poco tímida; primero asoma las patas y luego su cabeza… ¡Ajummmm!, alcanzo a escuchar un bostezo de su boca…

Ella no me ve, parece que todavía está medio dormida.

Yo en silencio la observo con curiosidad, mi mamá siempre que ve una araña grita y hace un alboroto tremendo y la verdad yo nunca he entendido qué es lo que le han hecho las arañas a ella.

Por suerte esa tarde estaba solo en casa, mis papás trabajan los días de semana y llegan cuando ya está oscuro. La nana Mari me cuida, pero en esos momentos estaba haciendo un queque.

Arrodillado sobre la alfombra del living me armé de valor, respiré profundo y por fin pude hablarle:

  • ¡Hola! – la araña dio un salto, al parecer no esperaba que alguien le hablara. Se quedó paralizada mirándome.

 

  • ¡Hola! ¿Me escuchas? – Volví a repetir en tono amable.

La araña mantenía exactamente la misma posición sin emitir ningún sonido

 

  • Eres tú el que no me escucha – respondió después de un rato ella con una voz extremadamente fina-

¡Hace tiempo no hablaba en voz alta!, nosotras las arañas nos comunicamos en forma telepática.

  • ¿Telepática?
  • Sí… telepática quiere decir que nos comunicamos de forma mental. Para nosotras no es nada de raro, siempre ha sido así…

Quedé extrañadísimo. Nunca había escuchado esa palabra, ni mucho menos       me había imaginado que era posible comunicarse de esa forma.

  • Me llamo Martín ¿Y tú?
  • Gabriela… ¿Vas a hacerme daño? – preguntó asustada
  • Noooo para nada… ¿Y tú a mí?
  • Noooo, ¡Tampoco!

Los dos nos pusimos muy contentos.

 

  • Es que ¿Sabes? Las personas cuando nos ven casi siempre intentan hacernos daño, creo que no les agradamos… no entiendo por qué….
  • Yo tampoco sé, pero averiguaré ¿Te parece?. Ahora me tengo que ir a ordenar los juguetes, mis papás dentro de un rato llegarán…
  • Sí, yo también tengo cosas que hacer…
  • ¿Te gustaría que nos juntemos mañana aquí mismo y conversemos un poco más?
  • Sí, me encantaría, respondió entusiasmada Estela y desapareció rápidamente con pasos tan ágiles que era casi imposible seguirlos con la mirada, muy rápido subí yo también las escaleras y me puse a ordenar. Por primera vez no encontraba aburrido volver a poner cada cosa en su lugar porque ni siquiera pensaba en ello, sólo pensaba en Estela y su vida.

Capítulo 2: Al día siguiente

 

No me pude concentrar en ninguna clase, sólo me quedaba mirando fijamente algo y mi cabeza comenzaba a llenarse de preguntas. Las voces de los profesores se escuchaban lejos y no tenían ningún sentido para mí. La campana que invitaba al recreo fue lo único que logró despertarme.

Cuando llegué a casa, me lavé las manos, almorcé y luego subí a mi pieza. Me estiré sobre la cama y me quedé dormido. Desperté justo a tiempo para bajar las escaleras y juntarme con Estela en el rincón del living, tal como habíamos quedado de acuerdo.

  • Estela, ¿Estás aquí? – pregunté amistosamente.
  • Hola Martín, ¡Aquí estoy! – respondió una vocecita que venía del techo Para mí es muy raro conversar contigo así en voz alta. Nosotras entre las arañas y con otras especies nos comunicamos mentalmente.
  • Sí…¿Telepatía se llamaba, cierto?. Me gustaría saber más…
  • ¿Qué quieres saber?
  • Todo – respondí entusiasmado y sonriente-

Quiero aprender.

  • Muy bien, comenzaremos ahora mismo el entrenamiento si así lo deseas, pero deberá ser intensivo porque yo y toda mi familia nos vamos a vivir a la parcela de mi abuelo pronto. Sígueme – dijo amablemente Estela mientras caminaba rápidamente hacía la puerta de la cocina que da hacia el patio. Pasó por debajo, obligándome a abrir la puerta para poder seguirla.

Bajó los peldaños y se detuvo justo donde termina la baldosa y comienza el pasto.

  • Quiero que vengas y te sientes en el pasto – así lo hice – Ahora quiero que respires profundamente y en cada inspiración dejes penetrar el aroma de la naturaleza. Quiero que sientas, huelas, toques, observes y disfrutes de tu entorno.

Después de sus instrucciones el silencio fue nuestro mejor compañero, formando una pausa muy agradable.  El viento mecía las hojas de los árboles suavemente. Después de un rato, Estela volvió a hablarme.

  • Lo primero que debes saber es que todos estamos conectados.

Sus palabras quedaron dando vueltas en mi interior. Sabía que no debía preguntarle a qué se refería, sino que descubrirlo yo mismo. Seguí respirando

profundamente convencido que eso me ayudaría a entender.

De pronto, comencé a notar que mis sentidos se agudizaban. Escuché con mayor detalle la tijera del vecino que estaba cortando un arbusto y después, no sólo pude oír nítidas y súper cerca las gotitas de agua que caían sobre el naranjo de mi casa, sino que también pude sentir la frescura y humedad que sintió en esos momentos el tronco, el suelo y las raíces.

  • Muy bien Martín, te felicito. Desde ahora en adelante puedes ver más allá de lo que conoces. Eso te ayudará mucho para poder comunicarte telepáticamente, pero debes practicar en diferentes lugares y situaciones para que tu percepción se vaya desarrollando.
  • ¡Estoy muy contento!. ¿Nos vemos mañana aquí mismo?
  • Sí, mañana nos vemos.

Esa noche me quedé dormido de inmediato, estaba muy cansado.

Capítulo 3: Aprendiendo

 

Lo que había vivido me cambió, ahora caminaba más despacio y me dedicaba a observar mi entorno con mayor atención.

  • Para el ejercicio que haremos hoy necesitaremos la receptividad que mostraste ayer. Quiero que te tiendas con tu espalda apoyada sobre el pasto y mires el cielo.

El cielo azul era el manto sobre el que avanzaba una gran cantidad de nubes blancas con diferentes formas.

  • Lo segundo que debes aprender es que todo es movimiento.

Tal como las nubes, el viento, las hojas de este árbol o las ideas en tu cabeza…

Es importante que sepas y recuerdes esto, porque es gracias al movimiento que la telepatía es posible.

  • Claro – interrumpí enérgicamente – el pensamiento se mueve de una mente a otra…

Todo parecía más claro ahora y también más fácil. Me sentí muy feliz de estar entendiendo correctamente las enseñanzas de Estela.

  • Y ahora te enseñaré lo último que debes saber para comenzar a desarrollar la telepatía…

Para que la idea que quieres transmitir viaje con mayor fuerza y rapidez, debes pensar con mucha pasión y energía en eso.

Debes practicar, practicar y practicar…

  • Así lo haré, ¡No lo dudes!
  • Martín, hoy en la noche viajaremos a la parcela de mi abuelo, ya está todo listo y si no nos apuramos nos arriesgamos a que llueva.
  • Me gustaría que no te fueras …
  • No te preocupes, sé que lograrás desarrollar esta nueva forma de comunicación que te enseñé… ¿Sabes?, la telepatía no conoce distancias, ella viaja a donde sea que tenga que viajar. Estaré esperando tu primer mensaje para contarte todo sobre mi nueva vida fuera de la ciudad. Haz aprendido muy rápido y sé que pronto estaremos conversando más que nunca a pesar de que estemos lejos.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: F I  N :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

 

UN CUENTO DE NIÑOS
 

Liliana jugaba esa tarde sola. Los niños del barrio simplemente habían desaparecido; hace ya varias semanas es la única niña. Sus papás una noche de lluvia le contaron lo que sucedió y por qué de un día a otro, no estaban sus hermanas, primos, amigas, ni sus compañeros de colegio.

  • Todo fue muy rápido –dijo la mamá
  • Y lo más extraño es que hasta el día de hoy nadie entiende realmente que fue lo que sucedió –dijo el papá preocupado
  • Quiero saber -dijo Lily mientras se arropaba en su cama

Era un sábado por la tarde, estabas jugando en el patio con tus hermanas y amigas. Hacía mucho calor y a ti se te ocurrió venir a la cocina a hacer limonada, tu refresco favorito, para llevarle a todas.

  • Sí, me acuerdo de eso… pero después ya no me acuerdo de nada… creo que me quedé dormida…
  • Exactamente, así fue… Resulta que mientras estabas dentro de la casa, afuera el cielo se puso de color morado, un viento tibio comenzó a mover las ramas de los árboles con mucha intensidad, lo cual era muy extraño en esa época del año -recordó la mamá- y de pronto una densa niebla cubrió el vecindario.
  • Todos en el barrio nos quedamos dormidos, despertamos al otro día en la mañana y nos dimos cuenta de que nuestros niños y niñas habían desaparecido –dijo el papá con tono angustiado.

         Desde ahí en adelante comenzó la búsqueda, todos los papás llamaban a gritos a sus hijos, pero nadie respondía. Nos organizamos por grupos y salimos a buscarlos por los alrededores, pero no logramos resultados. No habían dejado ni una sola huella…

  • Fue muy extraño, y como tu fuiste la única que no desapareció, los vecinos con el tiempo empezaron a entregarte todo el cariño y dedicación que les querían entregar a sus hijos.

Ellos no estaban, pero tú sí – ambos papás besaron a su hija y se despidieron, ya era tarde y debían descansar.

         Lily se quedó despierta pensando en lo que acababa de escuchar. Extrañaba a sus hermanas, eran inseparables.

Unió sus manos y le pidió a Dios que donde fuera que estuvieran todos, se encontraran bien.

Producto de lo que había pasado, todos sobreprotegían demasiado a Lily ya que temían perderla también. Para la niña la vida era difícil ya que no tenía a nadie de su edad con quien compartir. El colegio estaba vacío y los profesores sólo iban a hacerle clases a ella.

Una noche, apoyada en el marco de la ventana se quedó mirando la luna llena. Hipnotizada por su belleza y luz no se movió en mucho rato, hasta que escuchó un mensaje, como un susurro.

Estamos bien,

si quieres saber,

ninguna pregunta debes hacer.

-La niña asombrada guardó silencio

Los niños del barrio fuimos llevados

para ayudar en una noble misión

el árbol sagrado se estaba secando

necesitaba de nuestra atención.

Ahora, tú eres capaz de escuchar

lo que los adultos no entenderían

debemos conservar la vida

para que todo siga existiendo.

A pesar del gran sufrimiento

que causó nuestra partida

si todo sale bien, pronto

nos estarán dando la bienvenida.

Estaba segura que pronto volvería todo a la normalidad. Feliz se acostó y durmió profundamente. Al día siguiente comprendió que su misión al ser la única que quedó en el pueblo, era compartir con todos los padres, ya que en su corazón alojaban una pena muy grande, que sólo la luz de un niño podía calmar.

Fue así como cada día Lily se hacía el tiempo de visitar a una familia del sector. Almorzaba con los papás del barrio, aceptaba sus cariños y cuidados e irradiaba mucha alegría, pues estaba convencida que eso ayudaría a aliviar sus sufrimientos.

Una tarde de otoño,

cuando menos los esperaban,

los niños y niñas llegaron

acompañados de sus amigas las hadas

Pisando las hojas secas

riendo a carcajadas

llamaron la atención de todos

y cantaron la siguiente tonada:

Debemos estar contentos,

el tiempo ha fortalecido nuestros lazos

es por eso que de ahora en adelante

disfrutaremos más de los abrazos.

Y desde ese momento en adelante, los padres valoraron ser padres y los niños disfrutaron de ser niños.

El amor se extendió por todos los rincones y todos pasaron a ser parte de una gran familia viviendo felices para siempre.

 

UN DIA MUY ESPECIAL
 

Javier, el chico malo de la escuela siempre inventaba sobrenombres para molestar y reírse de sus compañeros. A veces, cuando andaba de malas, también  pisaba sus mochilas y cuadernos.

Un día Antonia, la más pequeña de la fila, aprovechó que Javier no fue al colegio para repartir las invitaciones de su fiesta de cumpleaños.

Todos los niños estaban muy entusiasmados: Sería una fiesta de disfraces y, además de muchos juegos y sorpresas, al final presentaría su show el Mago Siracuso.

Mientras entregaba a cada niño y niña la invitación, les pidió que por favor no le dijeran nada a Javier, pues era el único que no estaba invitado a la celebración.

Así lo hicieron todos, lo malo fue que ni Pablo, ni Héctor se imaginaron que Javier estaba en el último baño con la puerta cerrada.

        – ¡Qué entretenido! ¡Por fin mañana es la fiesta! -dijo Héctor entusiasmado-

        – Sí, yo ya tengo mi disfraz listo –dijo Pablo con tono misterioso-

        – ¡¡Yo también!!, pero lo que más me alegra es que no va a estar Javier molestándonos.

        – ¡Tienes razón!, eso es lo mejor. No sé como alguien puede se tan pesado.

El par de amigos caminó rápido por el pasillo, para no llegar tarde a la clase. Ya había sonado la campana y no querían ser castigados.

Javier salió de donde estaba, se secó las lágrimas con las mangas de su camisa y corrió hacia la enfermería. Fingió un gran dolor de estómago y al poco rato su nana lo fue a buscar y lo llevó para la casa.

Con su rostro apoyado sobre la almohada, no podía dejar de pensar en lo que dijeron sus compañeros. Se sentía triste, por primera vez se dio cuenta que con su comportamiento lograría quedarse solo. Arrepentido comenzó a imaginar un plan hasta que se quedó dormido.

Al día siguiente, asistió al cumpleaños de Antonia disfrazado de momia, por lo que no se le veía ni la punta de la nariz. Como entró con dos niños más que estaban en la puerta, nadie se preguntó quién era. Se encargó de no hablar y de ser más amable que nunca. Fue así como durante la tarde ayudó a la mamá de Antonia a servir las cosas para comer, retirar los platos sucios y otras labores semejantes.

De repente una voz fuerte anunció:

Atención todos, vamos a salir al patio, comenzarán los juegos y concursos.

Todos los niños entusiasmados salieron corriendo.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco…… veinte. ¡Salí! –anunció Laura vestida de princesa-

Todos los niños ocultos en sus escondites esperaban que se alejara o suficiente para ir a librarse.

Cuando Laura avanzó hacia el fondo del patio, Marcela saltó de un árbol cercano, no calculó bien y todo su cuerpo cayó sobre su tobillo derecho, el dolor era indescriptible. La niña quedó tendida sobre el pasto llorando y la momia se acercó de inmediato a socorrerla.

        – Me duele mucho –dijo Marcela mientras se tocaba el tobillo

        – Tranquila, yo te ayudaré –le dijo la momia fingiendo su voz para no ser reconocida-

Fue así como en el momento preciso, Javier tomó en brazos a Marcela y la cargó hacía el árbol donde se había realizado el conteo.

        – Un, dos, tres por mí y por todos mis compañeros –Gritó la niña con todas sus fuerzas-

Los niños salieron de sus escondites y se acercaron a la princesa, quien a pesar del dolor que sentía mantenía la calma. La momia la tomo nuevamente en brazos y la llevó al interior de la casa. Sus compañeros los siguieron.

Afortunadamente la herida era menor, así que después de descansar un rato en el sofá pudo reintegrarse a los juegos y actividades del día, pero con mucho cuidado.

Por fin llegó el momento más esperado del festejo: El show del mago Siracuso, quien no dejó de sorprender a todos con sus trucos de cartas y múltiples apariciones de objetos y animales. Al final, su asistente acercó al escenario una caja larga, como un armario azul con estrellas doradas en su parte exterior.

        – Y ahora, el acto más asombroso para ustedes… elegiré a alguien del público

Fue así como miró a todos los presentes con detención, hasta que rompió el silencio anunciando: él me ayudará en este acto.

Se acercó a la momia, agitó su varita mágica y juntos subieron al escenario.

Guiado por el mago, la momia entró a la gran caja y se quedó ahí mientras Siracuso le enseñaba al público las palabras mágicas que entre todos debían repetir para que el acto realmente resultara.

Pin pin pon tru li li lú

Panguituni ñacatron

Y dando tres golpes con su varita mágica a la puerta del armario, lo abrió. Cual no sería el asombro de todos al ver que la momia ya no estaba ahí. ¡No había nada!

El mago cerró la cortina y pidió a todos que repitieran con el 3 veces:

Patatita trococó

Patatita trococó

Patatita trococó

Enérgicamente abrió la cortina y notó que seguía el espacio vacío, la momia no aparecía….

Patatita trococó

Patatita trococó

Patatita trococó

Volvieron a repetir todos con mucho entusiasmo, pero nuevamente al abrir las cortinas, no había nada.

        – Bueno… quizás la momia tenía que irse…

        – Noooooooooo -gritaron todos los niños sin poder creer que el acto de magia no finalizará como ellos pensaban

        – ¿Puede venir otro voluntario y repetimos el acto? –preguntó Siracuso

        – NOOOOOOOO -gritaron a coro todos los niños

¡Queremos a la Momia! ¡Queremos a la momia! ¡Queremos a la momia!

        – ¿Y por qué quieren tanto a la momia? –preguntó el mago no dándole mucha importancia-

        – Porque ha sido un excelente amigo, cuando me caí y doble el pie, fue el único que me ayudó y me cargó hasta la casa – respondió Marcela-

        – Además es alguien muy atento y preocupado, durante todo el día no ha dejado de ayudarme en todo lo que ha podido – agregó la mamá de Antonia.

De pronto desde el último rincón se acercó al escenario La momia… todos miraron en silencio, sin entender mucho lo que estaba pasando.

La blanca y acolchada figura acercó el micrófono y se dirigió a todos los presentes.

        – ¿Les caigo bien? Preguntó al público

        – Sí – gritaron todos

        – Si supieran quien soy quizás no responderían lo mismo… ayer yo era muy distinto a hoy. En el recreo escuché algo que me hizo sentir muy mal: No le agradaba a nadie.

Ya no quiero ser el más pesado del curso…. (y mientras decía esto,        se sacó su máscara de telas blancas, revelando su verdadera   identidad)

Cual no sería la sorpresa de todos al ver que ese compañero tan amable y simpático era Javier.

        – Quiero pedirle disculpas a todos los que hice sentir mal con mis bromas. Desde hoy en adelante seré distinto.

Los niños se quedaron unos segundos sin emitir palabra, hasta que de pronto todos juntos se acercaron a Javier y lo abrazaron. Por fin todos eran amigos.

Fue así como Javier se demostró a él mismo y a los demás que podía cambiar y pasó de ser el chico malo de la escuela a ser el mejor compañero y amigo.

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