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PRIMAL

(Obra Inédita 2013)

Un  estrepitoso sonido despertó al hombre, quien de inmediato salió de su caverna para investigar. Sus pies descalzos lo guiaban sin limitaciones sobre charcos de barro. Era de noche y llovía hace varios días.

Se cubrió con pieles el torso, el frio era intenso. Buscó entre arbustos hasta que escuchó un sonido totalmente diferente a todos los que conocía; rápidamente frente a él, una pequeña forma anaranjada se expandió sobre un árbol Iluminando todo el lugar. Sorprendido y sin saber que hacer, temerosamente se acercó a esta gran luz.

La tupida y gruesa lluvia comenzó a extinguir todo rastro de fulgor, y solo dejó una columna de humo negro. Pasó muchas lunas acompañado de la oscuridad y frío. Comiendo carne cruda y raíces, hasta que un día de tormenta,  nuevamente dejó escapar un sonido estruendoso. Dirigió su mirada al rincón en el que tenía una pila de palos y ramas secas, de un ágil movimiento tomó la mayor cantidad que pudo, y  salió corriendo en busca de ese anhelado calor. Esta vez , estaba decidido a llevárselo a su guarida.

CASA DE ORATES

Obra publicada en el libro De todo un poco, 2014.

 

Nació en la casa de orates, una mañana cualquiera. Producto de la inconciencia, el hacinamiento y la animalidad en su estado más crudo. No conoció otro tipo de personas, solo esas voces que la perseguían.

 

Escuchaba la transmisión directa de una frecuencia remota. Muchas veces le hablaban lenguas extrañas… muy extrañas… incluso dejando de ser palabras. Porque todo se transformaba en color y en líneas, líneas de muchos puntos, convergentes y ondulados.

Maramu ma ma ma

Trapasuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Oalooooot

trrrrrrrrrrrrr

En ese lugar el tiempo avanzaba lentamente, formando un continuo en el que no existían las fechas ni las celebraciones. Ahí, las personas dejaban de serlo, y los internos solían andar por los pasillos a pies pelados, sobre mugre y posas, opacando con sus pasos traposos los funestos pasillos de aquel recinto, en el que se vivía otro mundo, el mundo que todos desconocían.

 

Destinados al olvido, pasaban muchas horas encerrados por escasez  de personal. Cargaban con una vida de maltratos. Los olores a veces eran nauseabundos. Muchos se rascaban los brazos, no porque sintieran los microchips, sino porque sentían las ondas electromagnéticas que éstos emanan. Podían sangrar toda la tarde sin ser atendidos.

 

Ella veía todo al revés. Pensaba que el comienzo era el final, y siempre daba vueltas y vueltas. En fragmentos de tiempo buscaba recuerdos, pero nunca llegaba a encontrarlos. Tenía la capacidad de ver cosas y personas que nadie más veía.

 

Ese día se abriría la puerta, así se lo había comunicado la voz que le gritaba y le producía jaquecas. Le dolía mucho el estómago, y se le destrozaba la sien. Sentía esos alfileres oxidados, que punzantes cobraban vida dentro de su cabeza, y desde el interior del oído, proferían insultos.

 

Tenía miedo, ya que recibió  llamadas de gente que no conocía. No sabía bien que debía decir. Tenía miedo de asustar o de provocar arcadas. Sabía que llenarse el estómago de pastillas no cambiaría nada.

 

Nada, nada, nada.

 

Por primera vez  todo quedo en silencio para ella, y fue ahí cuando le llegó la imagen clara:

Cuando vio como había nacido, supo que era el momento de partir, de seguro por eso, hoy se abriría la puerta.

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